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CÉLULAS DE UN MISMO ORGANISMO

 

Cuando pensamos en la entrevista tutor/a / familias, observamos que a menudo, es un lugar, para ambas partes, de tremenda ansiedad, que profesores y padres, abordan desde una postura defensiva.

 

Para los padres es un momento incierto, donde ven los avances o dificultades de sus hijos como una evaluación hacia sí mismos “soy juzgado como padre o madre”. Para los profesores/as, igualmente, es el momento de “ser juzgados como buen o mal profesor”. El resultado es dos egos que se desconectan de la misión que en realidad les une y se ponen al servicio de no salir mal parado de ese juicio.

 

Pensemos por un momento en un organismo vivo: un árbol, un animal, un ser humano. Es pura armonía. Miles y millones de células cooperando para facilitar la vida y la evolución.

 

Pensemos que nuestra sociedad sea un organismo vivo. Un organismo tan grande como el planeta, o tan pequeño como mi comunidad educativa.

Así vemos el papel del adulto en su relación de acompañamiento y cuidado de los niños: como células especializadas de un organismo al servicio de un mismo propósito: crear un lugar seguro para que los niños puedan vivir, crecer y aprender a ser mejores seres humanos. Es una misión de alto impacto en la HUMANIDAD.

 

No podríamos pensar en un organismo donde las células del pulmón estuvieran en contra o no se entendieran con las del corazón, o se creyeran más importantes unas que otras…o sería un organismo enfermo. Vemos el rol de adulto como un rol de cuidador, donde cada uno se ha especializado en una parte (profesores, padres, médicos), todos al mismo nivel, para garantizar una Humanidad mejor.

 

Esta sociedad necesita espacios de cooperación donde ponernos al servicio de algo más elevado que nuestros propios miedos e intereses.  

 

Nuestras tutorías pueden ser momentos mágicos de cooperación e intercambio. La estructura que le demos a ese momento, y el estilo de relación que despleguemos al facilitarla, estará generando egos, o propiciando cooperación.

 

Las tutorías, diseñadas como un espacio de acompañamiento (padres, profesores y niños ), pueden ser espacios para co-crear el futuro.

Así, entendemos que las tutorías han de evolucionar de informativas y unilaterales profesor-familia, a espacio común de pensamiento niños-padres-profesores. De momentos de juicio y evaluación, a espacios de auto-conciencia, donde la unión de las diferentes partes genere creatividad y motivación.

 

Para ello es necesario entrenarnos en esta habilidad de “acompañar”, donde uno no es importante, sino que se pone al servicio del propósito común: comprender y crear juntos la forma de que funcione el organismo completo.

 

Para ello es importante aprender a diseñar estructuras que contengan las emociones de padres, niños y profesores; que propicien la escucha y la comprensión; que faciliten la creatividad como resultado del pensamiento colectivo. Y es importante aprender a facilitar estas estructuras, para que sean lugares seguros. Y no es sólo para poder sentir que tenemos más  recursos a la hora de hacer las tutorías, y tener menos ansiedad, que también.  La misión es mucho más elevada: co-cuidar a los niños, para un futuro más humano.

 

CARMEN VALLS